
La participación de más de 200 voces provenientes de 13 provincias en el Encuentro Nacional Agroecológico refleja la consolidación de un proceso que articula diversos actores del sistema alimentario desde una lógica territorial y comunitaria.
Los datos de distribución social evidencian que el 45% de las personas participantes fueron mujeres productoras, lo cual posiciona a las mujeres campesinas como actoras centrales en la transición agroecológica y en la sostenibilidad de los sistemas productivos locales. Este protagonismo femenino no solo se expresa en la producción, sino también en la transmisión de saberes, la gestión organizativa y el cuidado de la biodiversidad.
El 25% de participación de productores familiares reafirma el rol de la agricultura familiar campesina como base estructural de la soberanía alimentaria en el país, mientras que la presencia de juventudes (10%) señala una apertura generacional que permite proyectar la agroecología hacia el futuro mediante procesos de innovación, apropiación tecnológica y arraigo territorial.
Asimismo, la participación de consumidores urbanos (15%) muestra un creciente interés por fortalecer vínculos campo–ciudad, abriendo oportunidades para circuitos cortos de comercialización y economías solidarias que reconectan la producción con el consumo consciente.
Finalmente, el involucramiento de promotores técnicos (5%) aporta capacidades de acompañamiento, formación e implementación de prácticas sostenibles, contribuyendo a la escalabilidad de los procesos agroecológicos en los distintos territorios.
En conjunto, esta diversidad de actores configura una red social amplia que fortalece las dinámicas de aprendizaje colectivo, cooperación interterritorial y gobernanza participativa necesarias para la transformación de los sistemas agroalimentarios desde abajo.
👉 La agroecología en Ecuador ha dejado de ser una práctica productiva para convertirse en una estructura organizativa territorial.
2. PERFIL SOCIOTERRITORIAL DE PARTICIPACIÓN
La participación en el Encuentro Nacional del Colectivo Agroecológico del Ecuador reflejó una amplia diversidad territorial, con la presencia de organizaciones provenientes de trece provincias del país: Carchi, Imbabura, Pichincha, Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo, Bolívar, Azuay, Manabí, Guayas, Santa Elena, Los Ríos y Napo. Esta distribución evidencia el carácter descentralizado del movimiento agroecológico, así como su arraigo en múltiples contextos socioculturales y productivos, desde territorios andinos hasta zonas costeras y amazónicas.
En este entramado territorial, se observa un rol protagónico de las mujeres en los distintos eslabones del sistema agroecológico. Son ellas quienes lideran procesos clave como la organización de ferias, la transformación de productos y la dinamización de redes económicas solidarias, sosteniendo en gran medida las iniciativas que permiten la circulación de alimentos sanos y el fortalecimiento de economías locales.
No obstante, este liderazgo operativo y comunitario contrasta con una persistente subrepresentación en los espacios de toma de decisión a nivel nacional. A pesar de su implicación directa en la gestión, producción y articulación de redes, las mujeres continúan enfrentando barreras estructurales que limitan su participación efectiva en instancias políticas y estratégicas del movimiento.
Este hallazgo pone en evidencia una feminización del proceso agroecológico que no necesariamente se traduce en un acceso proporcional al liderazgo político, abriendo la necesidad de reflexionar colectivamente sobre los mecanismos de gobernanza interna, representación y redistribución del poder dentro del ecosistema organizativo.

Hallazgo estructural
🟣 Feminización del proceso agroecológico sin acceso proporcional al liderazgo político
3. RUTA DE TRANSICIÓN AGROECOLÓGICA OBSERVADA (en territorio)
En las fincas visitadas se pudo identificar diversas tipologías de sistemas productivos que reflejan distintos niveles de avance en la transición agroecológica. Estos sistemas evidencian no solo prácticas técnicas diferenciadas, sino también grados variables de autonomía productiva, económica y organizativa en los territorios.
Las parcelas diversificadas constituyen, en muchos casos, el punto de entrada a la transición, combinando cultivos para autoconsumo y comercialización con una dependencia aún parcial de insumos externos. En un nivel más avanzado, los sistemas agropecuarios integrados incorporan relaciones sinérgicas entre componentes agrícolas y pecuarios, optimizando el uso de recursos internos de la finca.
De forma complementaria, los procesos de guardianía de semillas fortalecen la soberanía genética y reducen la dependencia de mercados externos, aportando a la resiliencia del sistema. Por su parte, las fincas que han incorporado estrategias de agregación de valor —como la transformación de alimentos— muestran mayores niveles de autonomía económica. Finalmente, las biofábricas comunitarias emergen como espacios estratégicos para la producción colectiva de bioinsumos, consolidando procesos territoriales de autogestión y disminuyendo significativamente los costos de producción.
A partir de estas prácticas, se ha identificado un ciclo de resiliencia económica que se activa en los territorios cuando existe una apuesta sostenida por la diversificación productiva. Este proceso inicia con la ampliación de rubros y especies cultivadas, lo que permite reducir progresivamente la necesidad de insumos externos. Como resultado, se genera una disminución de los costos de producción que habilita la posibilidad de incorporar procesos de agregación de valor.
La transformación de productos abre canales de comercialización más directos, principalmente a través de ferias agroecológicas, donde las familias productoras acceden a mejores márgenes de ingreso. Este incremento en la economía familiar incide positivamente en la permanencia de jóvenes en el ámbito rural, fortaleciendo el relevo generacional y evitando procesos de migración forzada.
Este patrón de transición y resiliencia ha sido observado de manera recurrente en territorios como Tahuaicha, Pelileo, Huayrapata, Sigualó y en la Red de Mujeres de Patate, donde la articulación entre prácticas agroecológicas, organización comunitaria y circuitos cortos de comercialización ha permitido consolidar sistemas productivos más autónomos y sostenibles.
Tipologías de sistemas productivos identificados
| Sistema | Nivel de Autonomía |
| Parcelas diversificadas | 🟢🟢🟢⚪⚪ |
| Sistemas agropecuarios integrados | 🟢🟢🟢🟢⚪ |
| Guardianía de semillas | 🟢🟢🟢🟢⚪ |
| Fincas con valor agregado | 🟢🟢🟢🟢🟢 |
| Biofábricas comunitarias | 🟢🟢🟢🟢🟢 |
Ciclo de resiliencia económica identificado en territorio
Diversificación productiva
↓
Reducción de insumos externos
↓
Disminución de costos
↓
Agregación de valor
↓
Venta directa en ferias
↓
Incremento del ingreso familiar
↓
Permanencia juvenil rural
4. GOBERNANZA AGROECOLÓGICA EMERGENTE (SPG)
El Encuentro Nacional marcó un punto de inflexión en la comprensión y proyección del Sistema Participativo de Garantía (SPG). Más allá de su función inicial como herramienta de certificación, el SPG se define como un mecanismo de confianza económica, que fortalece circuitos solidarios de producción y consumo; y como una plataforma de articulación política, desde donde el movimiento agroecológico puede incidir en marcos normativos y políticas públicas.
En este nuevo horizonte, se propuso una arquitectura de gobernanza multinivel que inicia en el nivel local, donde el SPG ejerce control social y asegura la coherencia de las prácticas en cada territorio; se proyecta al nivel provincial, como espacio de incidencia normativa y coordinación interorganizacional; y se consolida en el nivel nacional, como instancia de posicionamiento político del campesinado agroecológico.
Esta transformación implica un cambio profundo: la certificación deja de ser un trámite técnico para convertirse en una estructura institucional campesina, capaz de sostener procesos autónomos de garantía, representación y defensa de la agroecología como proyecto de vida.
Se define el SPG como:
➡ Escuela territorial
➡ Sistema de gobernanza
➡ Mecanismo de confianza económica
➡ Plataforma de articulación política
Sistema de Gobernanza propuesto:
Nivel Local → Control social
Nivel Provincial → Incidencia normativa
Nivel Nacional → Posicionamiento político

5. INFRAESTRUCTURA ECONÓMICA IDENTIFICADA
Los mecanismos territoriales de sostenimiento de la agroecología evidenció una alta presencia de ferias agroecológicascomo principal canal de comercialización directa entre productores y consumidores, consolidándose como el espacio más activo para el intercambio económico y la construcción de confianza comunitaria. Le sigue la transformación artesanal de productos, que agrega valor a la producción primaria y permite diversificar las fuentes de ingreso a nivel local.
Asimismo, se identificó una participación relevante en procesos de guardianía de semillas, fundamentales para la soberanía alimentaria y la conservación de la biodiversidad cultivada, así como la existencia de biofábricas comunitarias, que fortalecen la autonomía técnica mediante la producción local de bioinsumos.
Esta observación permitió también identificar brechas estructurales que limitan la escalabilidad de estos mecanismos, entre ellas: la falta de financiamiento adecuado para iniciativas productivas, la limitada infraestructura comunitariapara el acopio, transformación y distribución, y una insuficiente innovación tecnológica adaptada a las realidades territoriales. Estas brechas representan desafíos clave para el fortalecimiento integral de los sistemas agroecológicos en el país.

6. LABS AGROECOLÓGICOS COMO MECANISMO FINANCIERO
El modelo acordado para el funcionamiento de los Labs Agroecológicos parte de un principio fundamental: fortalecer la comercialización de los emprendimientos campesinos desde una lógica solidaria y territorial. En este marco, el proceso inicia con la clasificación de los emprendimientos, permitiendo identificar su nivel de madurez, capacidades técnicas, organizativas y potencial de escalabilidad dentro de las economías agroecológicas locales.
A partir de esta caracterización, se procede a la asignación de financiamiento desde el fondo, no como un crédito convencional, sino como una inversión comunitaria orientada a dinamizar procesos productivos sostenibles. Este financiamiento se acompaña de contrapartes organizativas, que aseguran el compromiso colectivo de las iniciativas beneficiarias.
El corazón del modelo radica en la reciprocidad solidaria, entendida como el mecanismo mediante el cual los emprendimientos retribuyen al fondo —no únicamente en términos financieros, sino también mediante servicios, formación, transferencia de saberes o apoyo a nuevos procesos—. Esta dinámica permite activar un ciclo de redistribución territorial, en el que los recursos recuperados se reinvierten estratégicamente en otros territorios o iniciativas emergentes, ampliando el alcance del impacto.
De esta manera, los Labs Agroecológicos se consolidan simultáneamente como:
- Un fondo rotativo campesino que garantiza la sostenibilidad financiera del proceso.
- Un instrumento de innovación territorial que impulsa soluciones productivas desde lo local.
- Un mecanismo de autonomía financiera que reduce la dependencia de fuentes externas y fortalece las economías comunitarias.
Este modelo no solo financia emprendimientos: siembra capacidades, teje confianza y construye soberanía económica desde los territorios.

7. JUVENTUDES RURALES
En la mesa de trabajo de juventud agroecológica, se identificó cuatro barreras principales que inciden en la participación y proyección de las juventudes dentro del movimiento agroecológico. En primer lugar, destaca la poca participación política, evidenciando limitadas oportunidades para incidir en espacios de toma de decisión y gobernanza territorial. A esto se suma una marcada desvinculación territorial, que refleja la desconexión entre jóvenes y procesos organizativos comunitarios, debilitando el relevo generacional en iniciativas locales.
Asimismo, se identificó una falta de reconocimiento al rol estratégico que desempeñan las juventudes rurales dentro de los sistemas agroalimentarios, lo cual repercute en su motivación y permanencia en estos espacios. Finalmente, el acceso limitado a procesos de formación técnica continúa siendo una brecha significativa para el fortalecimiento de capacidades, especialmente en temas vinculados a innovación, producción sostenible y gestión organizativa.
No obstante, el análisis también permite visualizar oportunidades clave para revertir estas tendencias. Entre ellas, el creciente interés en la aplicación de inteligencia artificial en la agroecología, el uso de herramientas de comunicación digital para la articulación comunitaria, el acceso a formación técnica especializada, y el impulso de emprendimientos rurales propios como estrategias de autonomía económica.
En este marco, se propuso el diseño e implementación de un Programa Nacional de Liderazgo Joven orientado al fortalecimiento de capacidades organizativas, técnicas y políticas; la creación de Labs Juveniles como espacios de experimentación e innovación agroecológica; y el establecimiento de Fincas–Escuela Tecnológicas que integren formación práctica, tecnologías apropiadas y modelos de producción regenerativa, en coherencia con las realidades territoriales. Estas acciones permitirían no solo cerrar brechas existentes, sino también potenciar el rol transformador de las juventudes dentro de los procesos de transición agroecológica en el país.

8. TERRITORIALIZACIÓN DE LA AGROECOLOGÍA
El modelo de escalamiento observado en los procesos agroecológicos del territorio muestra que el crecimiento no ocurre únicamente a partir del aumento de la producción, sino mediante una transición progresiva hacia formas más complejas de organización y toma de decisiones colectivas. Todo inicia con una experiencia productiva, generalmente impulsada por familias o pequeños grupos que adoptan prácticas agroecológicas en sus parcelas. Estas experiencias, al generar aprendizajes técnicos y resultados tangibles, motivan la articulación con otros actores cercanos, dando paso a procesos de organización local que permiten compartir saberes, gestionar recursos y fortalecer la identidad colectiva en torno a la producción sostenible.
A medida que estas organizaciones maduran, buscan mecanismos de validación, intercambio y visibilización, como la participación en ferias agroecológicas, que no solo facilitan el acceso a mercados diferenciados, sino que también consolidan prácticas de confianza, transparencia y control social. Este reconocimiento social y económico abre la puerta a procesos de diálogo con gobiernos locales, posibilitando la creación de ordenanzas municipales que institucionalizan el apoyo a la agroecología. A partir de allí, las organizaciones logran incidir en espacios de decisión más amplios, fortaleciendo su capacidad de incidencia y posicionando sus demandas en agendas públicas, hasta finalmente traducirse en el diseño o implementación de políticas públicas que respaldan y promueven estos sistemas productivos a mayor escala.
En este sentido, la agroecología logra escalar verdaderamente cuando deja de ser entendida únicamente como un modelo de producción y se convierte en un modelo de gobernanza territorial, donde las comunidades organizadas participan activamente en la construcción de marcos normativos, institucionales y económicos que sostienen la transición ecológica.

9. RESULTADO SISTÉMICO DEL ENCUENTRO
El XVI Encuentro Nacional de Agroecología se constituyó en un espacio estratégico de formación, intercambio e incidencia. Funcionó simultáneamente como una escuela nacional, al propiciar procesos de aprendizaje horizontal entre productores, técnicos y organizaciones; como una plataforma económica, al dinamizar circuitos cortos de comercialización, ferias e intercambios solidarios; como un espacio de gobernanza, donde se debatieron y acordaron lineamientos colectivos para el fortalecimiento del movimiento; y como un proceso de articulación política, orientado a posicionar la agroecología en agendas locales y nacionales.
En este marco, la agroecología se consolidó no solo como un sistema productivo basado en principios ecológicos, sino también como una estrategia económica para la sostenibilidad de los territorios, un proyecto político que promueve soberanía alimentaria y justicia social, y un proceso organizativo territorial que fortalece el tejido comunitario y la capacidad de incidencia de las organizaciones campesinas y agroecológicas. De esta manera, se evidenció que la agroecología escala cuando logra articular producción, organización y gobernanza hacia la construcción de política pública desde los territorios.

Elaborado por:
Cecilia Romero Jara
Febrero/2026

